La Adoración Eucarística lo transforma todo

Jueves, 22 Diciembre 2016

"... Mi Corazón materno llora mientras miro lo que hacen mis hijos. Los pecados se multiplican, la pureza del alma es cada vez menos importante, se olvida a mi Hijo, lo adoran siempre menos y mis hijos son perseguidos..."

Adorar al Señor es el primer acto de la virtud de la religión. Adorar a Dios es reconocerle como Dios, como Creador y Salvador, Señor y dueño de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso. Adorar a Dios es reconocer, con respeto y sumisión absolutos, la "nada de la criatura", que sólo existe por Dios. Adorar a Dios es alabarlo, exaltarle y humillarse a sí mismo. 
"Queridos hijos, os invito a trabajar en la conversión personal. Estáis aún lejos del encuentro con Dios en vuestro corazón. Por eso, pasad el mayor tiempo posible en oración y adoración a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar, para que Él os cambie y ponga en vuestros corazones una fe viva y el deseo de la vida eterna. Todo pasa, hijos míos, sólo Dios permanece. Estoy con vosotros y os aliento con amor. Gracias por haber respondido a mi llamada" (25 marzo 2008).

Solo adorando al Señor decae satanás y los ídolos. Solo con la adoración se producen dos formas de bendición de modo ascendente o descendente, es decir, o bien la oración asciende llevada por el Espíritu Santo, por medio de Cristo hacia el Padre o bien implora la gracia del Espíritu Santo que, por medio de Cristo, descienda de junto al Padre.

La adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Por eso el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que se debe propiciar la oración a los fieles en:

  • la iglesia, casa de Dios, es el lugar propio de la oración litúrgica de la comunidad parroquial.
  • para la oración personal, el lugar favorable puede ser un "rincón de oración", con las Sagradas Escrituras e imágenes, para estar "en lo secreto" ante nuestro Padre (Cf. Mt 6, 6). En una familia cristiana este tipo de pequeño oratorio favorece la oración en común.
  • monasterios, para favorecer la participación de los fieles en la Oración de las Horas y permitir la soledad necesaria para una oración personal más intensa. 
  • peregrinaciones, porque los santuarios son para los peregrinos lugares de fuentes de agua viva.

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