Testimonio: María me concedió la gracia de salir de la droga

Miércoles, 6 Septiembre 2017

La Paz del Señor, queridos amigos:

Deseo testimoniar la gracia recibida por el Espíritu Santo, por intercesión de nuestra Santa Madre como respuesta a mis plegarias. Me explico: la noche del 24 al 25 de Enero de 1982, María me asistió y me devolvió a la vida.

Han pasado 35 años desde que recibí la GRACIA de dejar para siempre la adicción que tuve durante 3 años a la heroína. Gracia que olvidé, y hoy quiero dar testimonio, en una época que ya apenas recuerdo ni quiero. Era un tiempo, que en ningún momento tuve consciencia de lo que estaba haciendo con mi vida. Influenciado por malas amistades desoí las advertencias y consejos de mis padres.

 

Hice cosas muy peligrosas. Podría haber perdido la vida

Era muy joven, tenía solo 19 años. Hice cosas muy peligrosas, incluso podría haber perdido la vida o morir por sobredosis. Con 22 años mi físico no era nada saludable, mi psicología hundida, ni risas ni alegrías…, la droga ya hacía mella en mí. Entonces algo en mi interior me hizo volver a casa de mis padres; creo que los rezos de mi madre y algo divino me llamó a volver.

Durante un año intenté desintoxicarme sin resultado: mis recaídas eran frecuentes. Eso sí, el amor de mis padres y hermanas me devolvían constantemente al único mundo, el real; al menos era consciente de mis recaídas con el perdón y sacrificio de ellos. Mi madre, muy creyente y practicante, y mi padre, no tanto para no decir que muy poco, luchaban y me ayudaban mucho. Me llevaron a tres centros de desintoxicación; durante ese tiempo hice el revolucionario tratamiento de metadona, sin resultado porque volvía a recaer a los pocos días. Seguía perdido y desanimado. Recuerdo que una tarde mi padre me abrazó con todas sus fuerzas y rompió a llorar: me di cuenta de que ellos sufrían más que yo.

 

Le pedí a la Virgen María que me ayudara. Me quedé dormido…

Una semana más tarde, con 22 años, la noche del 24 al 25 de enero de 1982 mi padre moría de una angina de pecho; recuerdo los últimos suspiros de vida junto a mi madre abrazándolo para despertarlo y regresarlo. Esa noche fue larga y me marcó: vi mis miserias, vi como había desperdiciado mi vida hasta ese momento; me quedé tocado, hundido y desnudo ante Dios; y digo Dios porque esa noche fue larga y fría: recé, recé y recé.  Le pedí a la Virgen María que me ayudara, recé con todas mis fuerzas, como mi madre me había dicho muchas veces: “reza, reza, y pide”. Así lo hice y pedí, supliqué: “libérame de esta lacra o llévame con mi padre, porque no puedo soportar todo lo que yo y solo yo me he buscado”. Todo esto sin creer demasiado, sin tener fe... así me quedé dormido…

Al día siguiente el pensamiento de ruina y de espíritu decaído había desaparecido. Quería cambiar: noté una nueva energía dentro de mí, tenía unas inmensas ganas de estar al lado de mi madre en el día del funeral, de ayudarla de besarla y sobre todo cambiar mi vida. Los dolores físicos, de piernas y sudores desaparecieron; eso fue lo divino (se podría decir milagroso): el dolor físico del “mono” se había esfumado, nunca más volví a pensar en esa adicción como problema sino como una victoria.

 

Dentro de mí había un “sol”. Eran Jesús y María

Tuve que trabajar mi nueva condición en el aspecto psicológico durante tiempo,  más bien por la desconfianza que encontré en mi alrededor, por incredulidad de mi entorno. Perdonaba a todos aquellos que desconfiaban de mi nueva vida porque los entendía y sabia que ellos mismos me estaban diciendo en modo de desconfianza que desengancharse era muy, muy difícil, para no decir imposible. Yo lo estaba consiguiendo. Ese pensamiento me acompañó durante un largo periodo; entre nosotros, para mí  fue fácil: dentro de mí había un “sol”. Comparado a todos los otros intentos de desintoxicación, esta vez fue muy fácil... así hasta hoy... limpio. Y lo estoy gracias a la Virgen María. Este regalo divino concedido la noche de la muerte de mi padre… y había olvidado por completo que fue “una gracia” recibida.

 

Nunca hablé tan claramente de mi testimonio como lo hago hoy

Transcurrido un tiempo entendí que la muerte de mi padre me sirvió para cambiar -junto a los rezos y la fe cristiana de mi madre, incluido su viaje a Fátima- todo esto sumó. Mi madre murió el 25 de Enero del 2015, a los 94 años. Nunca hablé tan claramente con ella de mi testimonio como lo hago hoy con vosotros, para dar mi testimonio. Aunque no hizo falta, creo que ella lo sabía. Estoy seguro que detrás de mi reconocimiento de la gracia y mi conversión está mi madre. Una vez fallecida, empecé a tener sueños muy repetidos. Un día en mi lugar de trabajo un fuerte olor floral de rosas y limones me recordó a su huerto; otro se hubiera asustado o quizás ni hubiera entendido la intercesión. Yo enseguida supe y entendí que tenía esta vida para hacer mi conversión. Sucedió el 12 de mayo de este año. Mi conversión cristiana es el 13 de mayo, justamente el día del centenario de Fátima… ¿Casualidad? No.

Recordé la gracia recibida del Espíritu Santo por intercesión de la Virgen María en respuesta a mis plegarias hacía 35 años. Ese día reconocí la gracia recibida, tuve mi conversión a la fe cristiana y ofrecí un nuevo sacrificio al Corazón Inmaculado de María: dejar de fumar. No fumaba mucho, un paquete durante 3-4 días, pero entendí el 13 de mayo que tenía que ofrecer un sacrificio y así lo hice.

Mi vida es limpia y sana, sigo con los mundanos problemas terrenales, pero aquellas tinieblas de la adicción están a 35 años de mí. Tengo mi propio negocio, estoy reconocido profesionalmente; solo que de vez en cuando me olvido de quien fue la protagonista de esos días.

Hoy os he explicado mi gracia. Os pido por favor que en vuestras oraciones me tengáis en memoria; orad e interceded por mí. Quizás con vuestras plegarias y las mías, quizás construiré ese puentecillo al Cielo.

 

Leo la Biblia, rezo el Rosario. He aprendido a orar durante el día

Leo la Biblia cada día por la mañana, en especial los cuatro Evangelios, y medito sobre lo leído antes de ir al trabajo. Leeros me ha servido para aprender a rezar el Rosario. No sabía muy bien cómo hacerlo; recuerdo de muy pequeño los rezos del Rosario en casa. Pero solo no sabía muy bien cómo rezarlo. De vosotros, de vuestros vídeos, he aprendido a orar durante todos esos momentos muertos que hay en el día. Espero la noche para rezar el Rosario; tengo el Rosario de mi madre -y que mi madre regaló a la suya del viaje a Fátima-. A veces, los días que estoy muy cansado, rezando me quedo dormido y sé que no estoy solo.

Qué bueno haberos descubierto, leído. Me estaba olvidando de la historia más bonita que he tenido en esta vida. He vuelto a reconocer a María y su Hijo Jesucristo; sé que no estoy solo y no tengo ningún miedo. Ellos me reconfortan, me guían; creo en la Confesión y el perdón de los pecados, la Eucaristía y Resurrección.

 

SEÑOR CREO EN TI

YO TE ADORO

YO TE ESPERO

YO TE QUIERO.

TE PIDO PERDON POR LOS QUE TE OFENDEN

PORQUE NO CREEN EN TI

NO TE ESPERAN

NO TE ADORAN

Y NO TE QUIEREN.

Querida familia, rezad por mí. Paz y Amor.

Jordi Represa Pamies. Tarragona, España.