Los diez secretos y el gran signo

Según el testimonio de los videntes, la Virgen les ha manifestado a cada uno de ellos que le comunicaría diez secretos. Hasta ahora tres de los videntes han recibido los diez secretos (Mirjana, Ivanka y Jakov), los otros tres han recibido nueve (Vicka, Ivan y Marija). El cumplimiento de estos secretos constituirá una gran prueba de la verdad de las apariciones de María en Medjugorje, una llamada poderosa de Dios al mundo, para que vuelva a Él.

La vidente Mirjana Dragicevic, explica lo siguiente: “La Virgen me encomendó ser quien revele esos secretos cuando Ella decida. Para ello he tenido que escoger a un sacerdote de mi confianza para revelarle esos diez secretos. Se llama Petar Ljubicic. Tengo que decirle a él, diez días antes, lo que va a suceder y dónde. Él deberá pasar entonces siete días en ayuno y oración, tras los cuales, tres días antes, se lo dirá al mundo.”

Los secretos son avisos y llamadas que Dios nos hace con bondad y misericordia a fin de ayudarnos y de mover nuestro corazón a la conversión. Él quiere evitar los grandes males a los que nos exponemos cuando le rechazamos: si nos alejamos de Él nos encaminamos al sufrimiento y a la autodestrucción, como nos enseña la Sagrada Escritura: “No os busquéis la muerte con los extravíos de vuestra vida, no os atraigáis la ruina con las obras de vuestras manos; que no fue Dios quien hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes” (Sab 1,12-13).

Según el testimonio de los videntes los secretos no han de llevarnos a vivir atemorizados. Al contrario, son una llamada a la esperanza. Dios nos envía con amor a la Virgen María, Madre nuestra y Reina de la Paz. Ella viene a enseñarnos lo que debemos hacer para encontrar la Paz que proviene de Dios, y apresurar el triunfo de su Inmaculado Corazón. Con respecto al cumplimiento de los secretos, Mirjana explica:

“La Virgen nos dice: «Lo que he empezado en Fátima, lo terminaré en Medjugorje: Mi Corazón triunfará». Y eso es lo que quiere decir. Eso es lo que va a ocurrir.”

UN GRAN SIGNO

Finalmente, según el testimonio de los videntes, María ha prometido una gran señal. El tercer secreto se refiere a esto. Ella dejará un gran signo en la colina de las apariciones: será evidente que no está hecho por mano humana, podrá ser visto por todos, y será permanente e indestructible. Los videntes han explicado que conocen la fecha en que este gran signo tendrá lugar, y saben exactamente en qué consistirá, pero no les es permitido decirlo.

LOS SECRETOS: UNA LLAMADA A LA CONVERSIÓN

Los secretos no nos deben mover a la curiosidad ni tampoco al miedo. Son una llamada a la conversión. Así lo explican los videntes en su testimonio. Por ejemplo, la vidente Mirjana Dragicevic: “Pero, en realidad, quiero decir que la Virgen siempre nos dice: «no habléis de los secretos», porque, en realidad, ¿por qué hablar de ellos? ¿Quién de nosotros puede decir con seguridad que mañana estará vivo? Y eso es lo que la Virgen quiere, que estemos preparados para llegar ante Dios cuando sea nuestro momento, y no perder el tiempo hablando del futuro, que ni conocemos y ni sabemos si conoceremos. Será lo que Dios quiera y en nosotros está esperar preparados su voluntad” Testimonio recogido en: J. García, Medjugorje, ed. LibrosLibres, p. 51.

La Divina Providencia quiere ofrecernos signos muy poderosos que ayuden a la conversión de una gran multitud de personas. Quiere darnos, por medio de María, unos signos particularmente claros en el cumplimiento de unos hechos que sean anunciados con antelación y que, gracias a los medios de comunicación de que hoy disponemos, puedan ser conocidos en todo el mundo, viendo realizado su cumplimiento. Sería algo parecido a lo ocurrido con el milagro del Sol en Fátima, pero a una escala muchísimo mayor.

Reflexión teológica

Para comprender más profundamente el significado de los 10 secretos dados por María a los videntes ofrecemos la siguiente reflexión teológica:

En el modo habitual de actuar de Dios ocupan un lugar importante los signos que Él ofrece a la razón del hombre para moverle a la fe. Dice así el Catecismo de la Iglesia Católica:

“Para que el homenaje de nuestra fe fuese conforme a la razón, Dios ha querido que los auxilios interiores del Espíritu Santo vayan acompañados de las pruebas exteriores de su revelación. Los milagros de Cristo y de los santos, las profecías, la propagación y la santidad de la Iglesia, su fecundidad y su estabilidad son signos certísimos de la Revelación divina, adaptados a la inteligencia de todos, motivos de credibilidad que muestran que el asentimiento de la fe no es en modo alguno un movimiento ciego del espíritu” (CEC 156) .

Los signos en la Revelación pública: los milagros y la Resurrección

Como señala el Catecismo, los signos ocupan un lugar destacado en el modo de obrar de Dios: en cuanto a la Revelación pública, podemos recordar la importancia de los signos dados por Dios al Faraón a través de Moisés –las diez plagas de Egipto– que ocupan un lugar central en el Antiguo Testamento; y mucho más, la importancia de los signos en la vida y misión de Jesús (cf. CEC 547-550), especialmente el gran signo de la Resurrección (cf. CEC 638 ss) Esos signos son los más importantes para nosotros.
Sin embargo, sería un error pensar que con el final de la Revelación pública Dios ha dejado de ofrecer signos a la humanidad, y que nos tenemos que limitar, exclusivamente, al análisis de aquellos signos que, desde el punto de vista histórico, pertenecen al pasado .

Dios nos sigue dando signos para que creamos en Él

En efecto, como enseña el Catecismo, la historia de la Iglesia es una muestra palpable de que Dios sigue vivo y actuante en la historia humana, ofreciéndonos signos poderosos de su presencia que nos abren a la fe. Entre estos signos podemos señalar los milagros de los santos y otras actuaciones «extraordinarias» de Dios. Este modo de actuación de la Providencia ha supuesto, a lo largo de la historia, una gran ayuda para mover a la fe y a la conversión del corazón de muchas personas. Por tanto, no deberíamos descartarlo sin más, puesto que es claro que los signos constituyen una de las características constantes del modo de obrar de Dios: es necesario estar atentos a los signos que Dios nos quiera ofrecer.
Entre estos grandes signos que el Señor nos concede, destacan las apariciones de la Virgen María.

El gran signo de Lourdes: las curaciones milagrosas

Las apariciones de María en Lourdes supusieron una fuerte respuesta a la concepción racionalista del mundo. En efecto, como enseñaba el cardenal Ratzinger, para el racionalismo “la pauta que había que seguir era que todo fuera verificable científicamente y de esta forma se produjo una imposición del, así llamado, concepto moderno del mundo, que actúa de modo altamente dogmático y que excluye la intervención de Dios, de los milagros y de la revelación” . La manifiesta presencia de lo sobrenatural, particularmente a través de las numerosas curaciones, inexplicables desde el punto de vista científico, mostraban a un mundo cada vez más incrédulo que Dios sigue presente y actuante en la historia, y que la misma ciencia –en este caso, el estudio médico de las curaciones milagrosas– nos prepara al encuentro con Dios por la fe.

Como explicamos en otro apartado de nuestra página también en Medjugorje se dan abundantes casos de curaciones milagrosas.

Los signos de Fátima: los secretos y el Milagro del Sol

En Fátima Dios nos dio, nuevamente, poderosos signos de su presencia: en primer lugar los secretos, que se han manifestado como profecías cumplidas: la segunda guerra mundial, la extensión del ateísmo al mundo a partir de Rusia, la terrible persecución y martirio de los cristianos, y el atentado contra el Santo Padre; a continuación, los frutos de la Consagración de Rusia y del mundo al Inmaculado Corazón de María, particularmente la caída del muro de Berlín .

En segundo lugar, el Milagro del Sol [5]: La Virgen María prometió a los tres pastorcitos conceder un milagro portentoso, para que todos pudiesen creer en la verdad de las apariciones. Les anunció el día concreto de dicho milagro con tres meses de antelación: se produciría el 13 de octubre de 1917. Una inmensa cantidad de personas, que se calcula en unas 70.000 se había reunido en Fátima. Allí habían llegado también personas ateas, entre ellas periodistas, para poder desmentir las apariciones, que estaban suscitando un gran renacimiento de la fe en Portugal y un gran número de conversiones. Y llegado el día señalado por María se produjo el gran milagro: aquella inmensa cantidad de personas pudo ver cómo el Sol giraba sobre sí mismo, adquiría colores variados y después parecía abalanzarse sobre la tierra, volviendo de nuevo a su lugar habitual. El signo duró varios minutos, fue visto por todos, incluso por personas que no se encontraban en Fátima, y fue recogido por los periódicos de Portugal. Sin duda, manifiesta presencia de Dios, llamada fuerte a la conversión, signo luminoso para la razón que busque la verdad. Fátima sigue siendo uno de los lugares de mayor gracia y conversión para los hombres de hoy.
Los secretos y el milagro del sol de Fátima nos ayudan a entender el significado que pueden tener los 10 secretos dados por María a los videntes de Medjugorje.


1 Cf. Concilio Vaticano I, Const. dogm. Dei Filius, c. 3: DS 3009 ss.; Juan Pablo II, Carta encíclica Fides et ratio, 13.

2 La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, como explica el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 639-644). Desde ese punto de vista el hecho de la Resurrección pertenece a un momento concreto del pasado. Pero no podemos olvidar que la Resurrección es también un acontecimiento trascendente –“trasciende y sobrepasa a la historia”–, y, desde esta perspectiva, no es un hecho pasado, sino que pertenece a nuestro presente. Jesús Resucitado está siempre vivo, e intercede permanentemente por nosotros ante el Padre (cf. CEC 647-655).

3 Joseph Ratzinger, La Sal de la Tierra, ed. Palabra (11ª edición), p. 174

4 Como es de sobra conocido, los Papas han atribuido a Fátima una gran importancia, especialmente Juan Pablo II, que encontraba una relación directa entre las apariciones de María en Fátima, el atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981 –del que decía: “una mano materna guió la trayectoria de la bala, permitiendo al Papa agonizante que se detuviera en el umbral de la muerte”–, y la caída del sistema comunista ateo (cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, El Mensaje de Fátima, p. 31).

5 Cf. J. de Marchi, Era una Señora más brillante que el sol, ed. Missoes Consolata (13ª edición, Fátima 2006), pp. 165-172.


Programas sobre los 10 secretos