Mensajes de la Reina de la Paz del año 2017

“Queridos hijos, hoy os traigo a mi Hijo Jesús, para que os dé su paz y su bendición. Hijos míos, os invito a todos a que viváis y testimoniéis las gracias y los dones que habéis recibido. No temáis. Orad para que el Espíritu Santo os dé la fuerza de ser testigos alegres y personas de paz y de esperanza. Gracias por haber respondido a mi llamada".

"Queridos hijos, hoy en este día de gracia, os invito a pedir al Señor el don de la fe. Hijos míos, decidíos por Dios y comenzad a vivir y a creer en lo que Dios os pide. Creer, hijos míos, quiere decir poner vuestras vidas en las manos de Dios, en las manos del Señor que os ha creado y que os ama con un Amor inmenso. No seáis solo creyentes con las palabras, sino testimoniad vuestra fe a través de las obras y con el ejemplo personal. Hablad con Dios, con vuestro Padre. Abridle y dadle vuestros corazones y veréis cómo vuestros corazones cambiarán y cómo vuestra vida admirará las obras de Dios. Hijos míos, no hay vida sin Dios, por eso yo como Madre intercedo y ruego a mi Hijo que renueve vuestros corazones y que llene vuestras vidas con su inmenso Amor. Gracias por haber respondido a mi llamada".

“Queridos hijos, os hablo como vuestra Madre, Madre de los justos, Madre de aquellos que aman y sufren, Madre de los santos. Hijos míos, también vosotros podéis ser santos, eso depende de vosotros. Santos son aquellos que aman sin medida al Padre Celestial, aquellos que lo aman sobre todas las cosas. Por eso, hijos míos, procurad siempre ser mejores. Si procuráis ser buenos, podéis ser santos, sin pensar que lo sois. Si pensáis que sois buenos, no sois humildes y la soberbia os aleja de la santidad. En este mundo inquieto, lleno de amenazas, vuestras manos, apóstoles de mi amor, deberían estar extendidas en oración y misericordia. A mí, hijos míos, regaladme el Rosario, esas rosas que tanto amo. Mis rosas son vuestras oraciones dichas con el corazón y no solo recitadas con los labios. Mis rosas son vuestras obras de oración, de fe y de amor. Cuando mi Hijo era pequeño, me decía que mis hijos serían numerosos y me traerían muchas rosas. Yo no lo comprendía. Ahora sé que esos hijos sois vosotros, que me traéis rosas cuando amáis a mi Hijo sobre todas las cosas, cuando oráis con el corazón, cuando ayudáis a los más pobres. Esas son mis rosas. Esa es la fe que hace que todo en la vida se haga por amor, que no se conozca la soberbia, que se esté pronto a perdonar; nunca juzgar y tratar siempre de comprender al propio hermano. Por eso, apóstoles de mi amor, orad por aquellos que no saben amar, por aquellos que no os aman, por aquellos que os han hecho mal, por aquellos que no han conocido el amor de mi Hijo. Hijos míos, esto es lo que pido de vosotros, porque recordad: orar significa amar y perdonar. Os doy las gracias”.

La Virgen ha bendecido a todos los presentes y todos los objetos religiosos. Después, como la Reina de la Paz desea, los sacerdotes han bendecido a todos y todos los objetos religiosos.

"Queridos hijos, en este tiempo de gracia, os invito a orar. Rezad y buscad la paz, hijos míos. Él, que vino aquí, a la tierra, para daros su paz, sin importar quiénes sois ni lo que sois -Él, mi Hijo, vuestro Hermano- a través de mí os invita a la conversión, porque sin Dios no tenéis futuro ni vida eterna. Por eso, creed y orad, y vivid en gracia y en la espera de vuestro encuentro personal con Él. Gracias por haber respondido a mi llamada".

“Queridos hijos, al miraros reunidos en torno a mí, vuestra Madre, veo muchas almas puras, a muchos hijos míos que buscan el amor y la consolación, pero que nadie se la ofrece. Veo también a aquellos que hacen el mal, porque no tienen buenos ejemplos, no han conocido a mi Hijo, ese bien que es silencioso y se difunde a través de las almas puras, es la fuerza que sostiene este mundo. Los pecados son muchos, pero también existe el amor. Mi Hijo me envía a vosotros, la Madre, la misma para todos, para que os enseñe a amar y comprendáis que sois hermanos. Él desea ayudaros. Apóstoles de mi amor, es suficiente un vivo deseo de fe y de amor, y mi Hijo lo aceptará; pero debéis ser dignos, tener buena voluntad y corazones abiertos. Mi Hijo entra en los corazones abiertos. Yo, como Madre, deseo que lleguéis a conocer mejor a mi Hijo, Dios nacido de Dios, para que conozcáis la grandeza de su amor, del que vosotros tenéis tanta necesidad. Él ha tomado sobre sí vuestros pecados, ha obtenido la redención para vosotros, y a cambio, os ha pedido que os améis los unos a los otros. Mi Hijo es amor, Él ama a todos los hombres sin distinción, a los hombres de todas las naciones y de todos los pueblos. Si vivierais, hijos míos, el amor de mi Hijo, su Reino estaría ya en la tierra. Por eso, apóstoles de mi amor, orad, orad para que mi Hijo y su amor estén más cerca de vosotros, para poder ser ejemplo del amor y poder ayudar a todos aquellos que no han conocido a mi Hijo. Nunca olvidéis que mi Hijo, Uno y Trino, os ama. Orad y amad a vuestros pastores. Os doy las gracias”.

La Virgen ha bendecido a todos los presentes y todos los objetos sagrados traídos para la bendición. Después, los sacerdotes presentes han bendecido a todas las personas y los objetos sagrados; así lo desea la Reina de la Paz.

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